1/28/2015

La mesa de las estrellas

La mesa de las estrellas

Juan Mari Arzak y Ferrán Adrià han revolucionado la gastronomía en los últimos 25 años.

Se reúnen con otros de los grandes, como Pedro Subijana, Elena Arzak y los hermanos Roca, para una comida muy especial.

Josep Roca (El Celler de Can Roca); Elena y su padre, Juan Mari Arzak (Arzak); Ferran Adrià (elBulli), y Pedro Subijana (Akelarre). / CATERINA BARJAU

Cuando bebía sus primeros biberones la democracia y las estrellas Michelin parecían cosa de una galaxia muy muy lejana, España se daba por satisfecha en cualquier restaurante con un cordero bien asado y paellas sin colorante. Si en algo hemos sido testigos de un salto tan palpable como estratosférico en los últimos 40 años, ése ha sido el de la gastronomía. Del conformismo placentero con la tradición al viaje supersónico hacia la vanguardia, la metamorfosis ha seguido un curso entre natural y frenético, en el que resaltan como protagonistas los cinco cocineros sentados a la mesa de nuestro número 2.000.
Difícil encontrar mejores anfitriones que Juan Mari Arzak y su hijaElena. Una estela de cuatro generaciones en el negocio y 26 años consecutivos con tres estrellas en la puerta del establecimiento guipuzcoano. A la mesa se sientan su paisano Pedro Subijana, dueño de Akelarre, exponente junto a Arzak de la nueva cocina vasca, movimiento germen de todo lo que vendría después a finales de los setenta; Josep Roca, hermano de Joan y Jordi, creadores de El Celler de Can Roca, trío de ases en la restauración mundial, y Ferran Adrià, ya saben… El hombre que como ninguno hasta la fecha ha encarnado la revolución: un antes y un después en la historia universal de la gastronomía.
Si se lo hubieran dicho al impulsor de ­elBulli a finales de los setenta, cuando fregaba platos entre Cataluña e Ibiza, donde coqueteaba con la bohemia, hubiese puesto cara de no ir con él la cosa. Pero en 30 años, Adrià logró dar un triple salto que le condujo de la aspereza del Mistol vajillas a Harvard por medio de la reinvención del arte culinario. “Que esta ha sido la etapa más brillante de nuestra historia y que desde España hemos impulsado la segunda revolución gastronómica a nivel global nos lo reconocen hoy en todo el mundo”, asegura el gurú catalán.
“Todo el mundo nos reconoce que desde España hemos impulsado una revolución gastronómica a nivel global”, dice Adrià
¿Cuál fue la primera? Lo que se denominó la nouvelle cuisine, coinciden los cinco. Francia. Adonde mirábamos con una mezcla de admiración, envidia y complejo de inferioridad justo al otro lado de la frontera. Primero los vascos y los catalanes –por vecindad, por cercanía–, después el resto.
“Nos inspirábamos allí ya desde antes de aquel movimiento, íbamos con unas constantes ganas de aprender”, comenta Arzak. “Había que hacer algo, nos decíamos, éramos jóvenes, el ardor guerrero nos llevaba a pensar que podíamos comernos el mundo. Al fin y al cabo, ellos lo habían desarrollado desde la tradición y aquello era fuerte en nosotros también”, comenta Subijana. “Debemos ser humildes, reconocer que durante esos años y ya después, hemos seguido yendo a Francia a mimetizarnos”, aporta Adrià, el otro guardián de la frontera desde la Cala Montjoi, en Girona.
Era la época en la que el paso lo marcaban los hermanos Jean y Pierre Troisgros, Michel Guérard y Paul Bocuse, urdidores de un movimiento que aportó inspiración poética, estética y glamour a la mesa. Imitado, denostado también, pero tremendamente inspirador para quienes miraban más allá.
Por aquel entonces, un razonablemente tierno Juan Mari Arzak, más joven de aspecto, que no de espíritu quizás ahora que ha cumplido 72, trataba de afianzar el asador en que convirtió la casa de comidas que sus padres habían puesto en marcha. “Hacía ya mis platos, pero no los pedía ni Dios”, comenta mientras nos obliga a sentenciar cómo preferimos las cocochas: si al pilpil o sobre una cama de hoja de bambú y semillas de teff.
Lo que llegaba de Francia continuaba atrayéndole con efecto de imán tanto a él como a Subijana, que se había bajado a Madrid –“con gran disgusto de mi familia, que quería que me hiciera médico”– a probar suerte en el que fue la meca de los años setenta y de los primeros restaurantes con estrella en la guía: Zalacaín.
Anfitriona e invitados en una reunión muy especial. / CATERINA BARJAU
Los hermanos Roca, por entonces, merodeaban y echaban una mano en el local del extrarradio de Girona con preponderancia charnega en que su madre servía menús caseros –todavía sigue en ello doña Montserrat– con las patatas y las cebollas cortadas por sus hijos: “Aunque Joan ya había entrado en la escuela de hostelería y nos hablaba de platos y cocciones extrañas. Era muy estudioso y, ya por entonces, los profesores les habían dicho a mis padres que debía probar alguna carrera para ver si se le quitaban las ganas de ser cocinero”. Al final no pudieron. Fue así como acabó configurándose el triángulo Roca con Joan al mando de la cocina; Josep, gran maestre de la bodega, y Jordi reinventando la repostería.
El mediano nunca entendió por qué había que dividir la vida entre ciencias y letras. Quizás por eso se ha convertido en uno de los referentes dentro del mundo del vino más apreciados internacionalmente: “Nada como la enología une poesía, filosofía y ciencia en una misma botella”, comenta, con la misma claridad que explica cómo la locomotora de la nueva gastronomía trajo consigo, años después y con una gran preponderancia presente, otra sacudida: la de los vinos.
Elena, hoy a la misma altura que su padre en la cabeza del templo Arzak, notaba cómo se le metía el veneno creativo en el cuerpo de manera diferente que a su hermana Marta. La mayor, especialista en arte, está en el Guggenheim. La pequeña, con bata blanca y un Opel Corsa que hace 20 años no cambia por no renunciar a sus cintas de casete, tecnologizando curiosamente, eso sí, la cocina del negocio e incorporando las tabletas para la presentación de sus salmonetes con hojas de roble.
Entre esas y otras aportaciones, la que fuera elegida mejor cocinera del mundo en 2012 por la lista San Pellegrino, se siente parte de una generación de restauradores españoles que son demandados en las cocinas de todo el mundo. “Hoy somos un reclamo y responsables también de que cada vez se abran más establecimientos de cocina española en muchos países”.
Pero de eso quizás tuvo algo la culpa el avance que supuso la consagración de elBulli a raíz de la aparición de un libro: El sabor del Mediterráneo, en 1996. De ahí a la portada de El País Semanal y después a la del suplemento de The New York Times, el premio del fenómeno giró en torno al reconocimiento de lo insólito y lo atípico. Más cuando se trataba de un restaurante apartado de todo, que abría sólo seis meses al año y únicamente para cenar. Un ejemplo más que inexplicable para las escuelas de negocio, basado fanáticamente en una idea: la plena creatividad y una libertad absoluta para ejercerla.
Fue a partir de los años noventa, con la mochila cargada entre otras cosas con la sacudida y el poder que habían demostrado los líderes de la nueva cocina vasca en las dos décadas precedentes y después con la tendencia universal que marcó junto a toda su determinación creativa Adrià, que España se convirtió en el país de referencia, robándole el trono a Francia. Es algo que todavía escuece.
En primer plano, Pedro Subijana. Detrás, Ferrán Adrià. / CATERINA BARJAU
Pero si no les van los juicios de valor, algo en lo que están en su derecho, pueden examinar unos datos que resultan incontestables. Cuando se agarran las listas de referencia, como la San Pellegrino de 2013, y se comprueba que tres de los diez primeros restaurantes en la lista son españoles –El Celler de Can Roca, Mugaritz y Arzak– o que la mayoría de los seis restantes están liderados por cocineros como el danés René Redzepi –Noma–, el italiano Massimo Bottura –Osteria Francescana– o el estadounidense Grant Achatz –Alinea–, que han pasado por la cocina de elBulli, la apreciación no resulta gratuita, sino matemática.
Para analizar lo que supuso la irrupción de Adrià habría que formar dos itinerarios. El gastronómico y el sociológico. Dentro del primero habría que ahondar en la investigación de nuevos sabores, texturas y retos al gusto y al olfato como los que emprendió a base de humos y espumas, por ejemplo. También los desafíos a las convenciones pomposas que impuso Francia durante décadas. En elBulli se comía parte del menú con las manos. Hoy, su líder denuesta el pan. “Eso me lo como en mi casa, una ración equivale a tres platos tanto en El Celler de Can Roca como de los que ofrecíamos en elBulli”, comenta en complicidad con Josep.
Este apunta como una referencia indiscutible la aparición de El sabor del Mediterráneo. Aquello supuso sobre todo la concienzuda sistematización y una búsqueda de conceptos que ayudarían a Adrià a predicar su nueva doctrina antidoctrinaria. “Si algo nos inculcó Ferran fue la persecución de la libertad creativa a toda costa”, comenta Roca.
Una libertad y unos nuevos planteamientos que Arzak, la primera vez que se presentó en elBulli, no entendió. Pero que en vez de suscitar su desprecio, como ocurrió con otros en el ámbito nacional y también europeo, picaron su curiosidad: “Es cierto, no me gustó, pero porque había algo que se me escapaba, que no entendía. ¿Sabes lo que decidí entonces? Irme 15 días con él, a ver si lograba captarlo”. Desde entonces son íntimos. Han aunado las vanguardias de dos zonas fundamentales en la gastronomía universal, la vasca y la mediterránea. Así es como consiguieron avivar una alianza que colocó a la gastronomía española en la más pura vanguardia.
“elBulli no me gustó, pero porque había algo que no entendía. Decidí irme 15 días con Ferran, a ver si lograba captarlo”, confiesa Arzak
En cuanto al fenómeno cultural y sociológico, Ferran Adrià supuso la puerta de entrada para otros campos a lo grande: el académico, al lograr una cátedra en la Universidad de Harvard, y el cultural, cuando fue invitado por la Documenta de Kassel a participar en una de las ferias de arte más importantes del mundo.
¿Y del porvenir? Los cinco cocineros se muestran tranquilos, confiados y un tanto curiosos por cómo serán considerados en el futuro. Subyugados por una preponderante fuerza nipona –el país con más estrellas Michelin del mundo– y atentos a los emergentes latinoamericanos: sobre todo del auge peruano liderado por Gastón Acurio, el exotismo brasileño que queda en manos de Alex Atala o la nueva estrella femenina, Helena Rizzo; el nuevo paso de colombianos como Jorge Rausch y la picante contundencia de México.
En España, la semilla plantada queda en manos de las generaciones posteriores, que van formándose en foros ya peninsulares en los que se atrae a jóvenes estudiantes de todo el mundo. Dentro de escuelas o centros de investigación como el Basque Culinary Center, o con las iniciativas de Adrià en sus fundaciones, volcadas al mestizaje de la gastronomía con la ciencia, la cultura o la tecnología en pos de la creación. O en encuentros internacionales como Madrid Fusión, dentro de una capital que emerge, alejada de los imanes costeros, como un nuevo referente.
¿Nos encontraremos a las puertas de una nueva revolución? Quizás eso sea mucho decir, por ahora, cuando aún hace estragos la segunda. De todas formas, lo sabremos en el número 3.000.FOODIES

6/11/2014

Vinos - Mercado

FOODIES - VINOS

Las existencias de vino desbordan las bodegas pese a las exportaciones

Las ventas al exterior han crecido un 16,3% por la reducción de los precios

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Un hombre vendimia en el municipio de Sober (Lugo) / NACHO GÓMEZ
Faltan pocos meses para que comience la vendimia y las existencias de vino todavía desbordan las bodegas. Este hecho se da, sobre todo, en Castilla-La Mancha, donde la última campaña ascendió al 60% de toda la producción española.
Este exceso de oferta ha provocado el hundimiento de los precios y la existencia de unas perspectivas negativas para la nueva cosecha. Ni siquiera el aumento de las exportaciones baratas ha sido suficiente para ajustar los mercados. El almacenamiento previsto para el inicio de la nueva campaña se estima en 33,9 millones de hectolitros, frente a los 27,9 millones de 2013.
La campaña pasada, con una cosecha récord de 53,4 millones de hectolitros, acabó con un importante crecimiento de las exportaciones, el 16,3% si se miden el volumen. Pero el salto es mucho menor cuando se cuantifican en dinero. Medidas así, las ventas al exterior apenas crecen un 1,7%. ¿Por qué? Los precios han caído una media del 15%.
A la vista de esto, el presidente de las cooperativas vitivinícolas y de la cooperativa Baco, Ángel Villafranca, estima que el sector se halla ante una situación excepcional por la gran cosecha de 2013. En su opinión, son necesarias igualmente medidas excepcionales para regular el mercado. Por su parte, el responsable del Observatorio Español de los Mercados del Vino, Rafael del Rey, cree que es indispensable producir para vender más en el exterior y, sobre todo, para lograr un mejor posicionamiento de todos los vinos en los segmentos de calidad. Del Rey también defiende una política comercial más agresiva en los mercados.
La venta a granel de vino, que en los últimos años ha supuesto una media del 47% de todo el producto comercializado en el exterior, ha pasado a suponer en esta campaña el 57%. En este segmento el precio ha caído 19 céntimos por litro: de 0,60 euros hasta 0,41.
Francia, Italia, Portugal y Alemania son los principales compradores de los graneles españoles en competencia con los precios de otros países como Chile, con una diferencia entre ellos: mientras Portugal y Alemania utilizan esos vinos para el consumo de su mercado interior, Italia y Francia lo que hacen es revender parte de los vinos españoles como si se tratara de producción propia.
A pesar del aumento en las exportaciones, el sector está desbordado por los excedentes y teme que la situación se agrave en los próximos meses ante la posibilidad de una nueva cosecha elevada por encima de los 40 millones de hectolitros. Para reducir las existencias, los productores plantean aplicar las medidas de destilación previstas en la actual regulación europea.

2/17/2014

Oportunidades

China viene a por vino y jamón

El gigante agroalimentario Bright Foods planea comprar empresas españolas


Juan Antonio Samaranch conversa con el vicepresidente de Bright Foods, Ge Jun Jie / JOSÉ ÁLVAREZ (EFE)
Los máximos ejecutivos del gigante de la industria agroalimentaria Bright Foods, con sede en Shanghái (China), recalaron esta semana en Barcelona con el objetivo de realizar un primer examen al mercado español. El grupo, que factura 20.000 millones de euros al año, se propone desembarcar en España para adquirir alguna empresa y cerrar alianzas con firmas que quieran vender sus productos en China. Y todo ello, a poder ser, este mismo año. “Nos interesa distribuir vinagre, jamón, aceite de oliva y vino”, explica el vicepresidente de Bright Foods, Ge Jun Jie.
Bright Foods ya rebasó las fronteras de su país con cuatro adquisiciones. La segunda empresa del sector —primera en distribución— se ha hecho en los últimos años con el 75% de la australiana Manassen Foods por 280 millones de euros, la neozelandesa Synlait por 60 millones, el 70% de la francesa Diva por 14,7 millones y la británica Weetabix Limited por 1.463 millones. La quinta adquisición podría ser española.
Pero además de la compra de una sociedad, a Bright Foods le interesa canalizar la venta de productos españoles en China. “España tiene muchos productos alimentarios de calidad que serían complementarios y muy competitivos en China”, sostiene Ge Jun Jie, quien considera que hasta ahora la venta de productos españoles en ese país ha tenido un impacto limitado porque han sido distribuidos a través de pequeños importadores. La intención de Bright Foods es crear una plataforma para que las pequeñas y medianas empresas españolas puedan llevar sus productos a China a través de su marca.
La Fundación Samaranch media en una plataforma para hacer negocios
Para forjar esas alianzas, la empresa se valdrá de un acuerdo con la Fundación Juan Antonio Samaranch, liderada por Juan Antonio Samarach Salisachs —que actuará de canalizador de empresas en España—, y el banco de inversión GBS Finanzas, presidido por Gonzalo Rodés. “China tiene 1.300 millones de habitantes. Son hasta 5.200 millones de comidas diarias. Tenemos un gran espacio de colaboración, por lo que queremos concretar el acuerdo y acelerar el proceso para introducir productos españoles en China”, añadió el vicepresidente de Bright Foods. Las alianzas son importantes para asuntos de seguridad alimentaria o de precio, puesto que productos como el jamón resultan caros para el mercado chino.
Ge Jun Jie viajó esta semana a Gran Bretaña, Irlanda y Francia para pasar, el último día, 28 horas en Barcelona, donde se vio con empresarios productores y distribuidores de los sectores de los frutos secos, aceite, vino y cava. El jueves por la noche cenaba con el presidente del salón Alimentaria, Fira de Barcelona y Freixenet, Josep Lluís Bonet. La firma china quiere poner en marcha este mismo año una feria anual de “productos alimentarios de España” que se celebraría en Shanghái anualmente. “Se trata de que los bienes españoles se instalen bien en el mercado chino”, dice Ge Jun Jie.
El ejecutivo no quiere revelar el presupuesto con el que cuenta la compañía para adquirir empresas españolas, pero sí afirma que está interesado en “un distribuidor que integre productos alimentarios de España y Europa” o bien “marcas o productos específicos con tamaño”. Este es, a juicio del Ge Jun Jie, un buen año para alcanzar tratos. “Ojalá que podamos hacer algo. Es el año del caballo, así que espero que podamos montar juntos”, bromea.
 FOODIES

2/07/2014

Vino Rioja

FOODIES

Las ventas de Rioja marcan récords

Los productores de la denominación de origen facturan 277 millones de litros, un 4% más

Crecen las exportaciones y cambia la tendencia del mercado español


Dos trabajadores en la vendimia en Aldeanueva de Ebro. / EFE
La recuperación económica parece haber calado en el sector de la producción del vino nacional. Tras el reciente anuncio de que Españaha adelantado a Francia e Italia como primer productor mundial de vino, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja ha dado a conocer este viernes que las ventas de vino de Rioja registraron una evolución positiva durante 2013, sumando 277 millones de litros. Esta cifra supone un crecimiento del 3,98 % con respecto a 2012 y permite a la DOC Rioja “superar el récord histórico de ventas alcanzado antes de la crisis”, que se remonta a 2007, cuando se comercializaron 272 millones de litros.
A este resultado han contribuido tanto las exportaciones como las ventas del mercado nacional. La tendencia negativa experimentada desde el comienzo de la crisis en la comercialización de vino de Rioja al resto de España comenzó a cambiar a finales de 2012 y durante 2013 registró un crecimiento del 3,17%, lo que ha elevado el volumen de comercialización de Rioja en España a 174,9 millones de litros. Así, el mercado nacional sigue siendo el principal para los caldos de Rioja, con el 63,1% del total de las ventas.
En el capítulo de las exportaciones, los 102 millones de litros vendidos durante el pasado año a otros países suponen un aumento del 5,39 % con respecto a 2012. Tras un descenso en 2008 y 2009, estas ventas experimentaron un crecimiento continuo a partir de 2010 y en 2013 vivieron “un excelente comportamiento”, especialmente en países como Bélgica, con el mayor incremento de ventas (31,72 %); Rusia (30,45 %); o Estados Unidos, que con 102,1 millones de litros incrementó sus importaciones de Rioja en un 5,39 %. En términos generales, los principales mercados para Rioja continúan siendo Reino Unido, Alemania, Estados Unidos y Suiza. Entre los cuatro concentran el 70 % de las exportaciones de Rioja.

1/24/2014

FOODIES


http://madame.lefigaro.fr/recettes/videos-chef/mousse-cremeuse-caramel-130114-660258?chef=608718

1/10/2014

2014

FOODIES

Lo que se cuece en 2014

Las tendencias gastronómicas más picantes y sabrosas se dan cita en Madrid Fusión 2014

El eclecticismo de la cocina urbana se funde con una enciclopédica propuesta de Ferran Adrià

De un restaurante de La Paz a otro de Bangkok, con dos chefs mujeres al frente


Restaurante Minibar en Washington, del chef español José Andrés, Pepe Solla, de Casa Solla (Pontevedra), y barra del restaurante limeño Astrid & Gastón, de Gastón Acurio.
¿Qué es la fruta?”, plantea Ferran Adrià. “Un vegetal, una comida, un alimento”, puede contestar cualquiera. “Es una decisión. La puedes tomar a media mañana, después de comer o por la tarde”, replica el cocinero. Esta es solo una de las preguntas que uno de los mejores chefs del mundo se plantea sobre la gastronomía, una disciplina que, gracias al boom catódico de los programas de televisión que vivió el año pasado, ha despertado un interés masivo. Mujeres chefs, innovación con una mirada a la tradición, el estilo callejero o lo verde como ingrediente estrella son algunas de las tendencias culinarias de este año. Todas ellas desfilarán por Madrid Fusión 2014, que celebra, entre el 27 y el 29 de enero, su XII edición en el Palacio de Congresos, en un encuentro-espectáculo que reúne a cocineros, cocinillas, blogueros gastronómicos y público general.
La gastronomía del futuro tiene mucho que ver con las maneras del pasado. A pesar de toda la innovación que ha rodeado a la alta cocina en los últimos años, se vive un retorno, una vuelta al producto y a los productores locales. “En Asia están centrados en el lujo, mientras que aquí nos interesa realizar un acercamiento a las buenas maneras”, cuenta Estanislao Carenzo, jefe de cocina y fundador del restaurante Sudestada. Esa pasión por lo cercano ha visto la proliferación de huertas urbanas, que abastecen a grandes restaurantes. Andoni Luis Aduriz lo practica desde Rentería (Gipuzkoa) para la cocina de Mugaritz. El japonés Asafumi Yamashita cultiva en las afueras de París. El padre de Yamashita le enseñó a cultivar bonsáis, un conocimiento ancestral que ahora aplica a las berenjenas, los tomates o los canónigos. Sus vegetales son de tal calidad que abastece a grandes restaurantes de la capital francesa, entre ellos, Astrance, del tres estrellas Michelin Pascal Barbot. “La cocina no tiene sentido, desde el punto de vista cultural, si no está relacionada con el hombre y su terruño”, dice el también francés Michel Bras, cocinero pionero en ese acercamiento a la naturaleza y lo local.
Postre de Jordi Roca, de El Celler de Can Roca, en Girona.
“Vivimos un momento en el que lo biológico plantea una manera de hacer prosperar la producción de alimentos de calidad”, dice Estanislao Carenzo. Esta inquietud ecológica comenzó con el slow food y el denominado kilómetro cero. Dos tendencias que, aunque continúan, se matizan. “El kilómetro cero era muy estricto, tendemos a uno más flexible en el que los valores ambientales estén presentes, pero no limiten tanto”, dice David Muñoz, premio nacional de gastronomía en 2010. “Va a existir una mayor complicidad entre lo global y lo local”, añade. Esa conciencia ambiental trasciende la huerta e impregna al resto de productos. “Sobre todo los pescados”, apunta Ángel León, el chef del mar que desde Aponiente, en Cádiz, deleita con “pescados humildes” y salsas imposibles a base de algas y plancton.
León también es un cocinero catódico. Como jurado de Top Chef ha llevado el germen de la cocina al salón de muchos hogares. La final del concurso culinario llamó la atención de más de 3,8 millones de personas (23,9% del share), el segundo programa más visto la noche de su emisión. Datos que aseguran que la parrilla televisiva seguirá tirando de gastronomía. Hay varios programas en la recámara: desde uno de tapas con Mario Sandoval hasta otro dedicado a los postres. “Top Chef ha provocado que la gente se interese más por lo que come”, repite, entrevista tras entrevista, Susi Díaz, también juez del programa.
Con una estrella Michelin, conseguida con su restaurante La Finca, en Elche, Díaz forma parte de la vanguardia femenina de la gastronomía. Tras años de predominio masculino, ahora ellas dan el toque. “En esta edición de Madrid Fusión contaremos con la presencia de la mejor cocinera de Asia; la Catherine Zeta-Jones de la cocina en Bangkok”, cuenta José Carlos Capel, organizador de Madrid Fusión. Capel, crítico gastronómico de EL PAÍS, se refiere a Duangporn Songvisava, conocida como Bo y jefa de cocina de Bo.Lan en la capital de Tailandia. Acude a la cita con su marido, a la sazón su ayudante. Kamilla Seidler llega desde Bolivia. “Son dos mujeres cocineras muy llamativas de dos extremos del planeta”, agrega Capel. “Hace años, impactaba la comida francesa, después vino el turno de la española. Ahora vivimos la ola nórdica. Lo siguiente, la comida sudamericana”, vaticina Seidler, danesa de nacimiento y a los fogones de Gustu, en La Paz (Bolivia). “Perú puso en el mapa la región. Brasil profundizó en ello y empieza a haber movimientos en otros países”, continúa la cocinera, que ha colocado a Bolivia como gastrodestino.
El chef belga Gert de Mangeleer.
Poca gente lo sabe, pero “en Flandes se da la mayor concentración de estrellas Michelin por habitante: se come mejor que en los países nórdicos”, comenta José Carlos Capel. El norte de Bélgica es, este año, la región invitada a Madrid Fusión. Tres de sus cocineros más representativos estarán en la cita, entre los que destaca Gert de Mangeleer, chef del restaurante Hertog Jan, que a finales de febrero inaugura Yellow Bistro, una versión para todos los bolsillos.
Bertrand Grébaut lleva tiempo adherido a lo económico desde Septime, en París, “un neobistró de moda para urbanitas del siglo XXI” y con menú, dos platos y postre a 26 euros. “Hay muchos caminos para hacer vanguardia”, dice David Muñoz. En su barra, StreetXo, han eliminado los camareros para abaratar costes. “Que quede claro, no es una propuesta low cost, sino asequible”, avisa. Incluso los Obama se han visto seducidos por las barras: el presidente de Estados Unidos invitó por San Valentín a su esposa Michelle a sentarse en la del Minibar de José Andrés (quien también estará en Madrid Fusión) en Washington. La pasión por estos lugares más informales encuentra su inspiración en la calle. De hecho, esa inquietud urbana es el leitmotiv de Madrid Fusión 2014. La street food es una tendencia que por ahora se mantiene en locales. Algunos reclaman su salida a las aceras. “Son el germen de nuevos clásicos”, dice Estanislao Carenzo, de Sudestada, que inauguró su barra económica en Madrid en 2012: Chifa.

El genoma culinario

Obsesionado por fijar los términos gastronómicos, Ferran Adrià lleva tiempo haciéndose preguntas. Se ha planteado el reto de “decodificar el genoma culinario” y publicarlo en la Bullipedia. Para ello plantea 50 cuestiones que cambiarán la manera de entender la cocina invitando a la gente a pensar. España sigue marcando en innovación y vanguardia, no solo por el acercamiento intelectual de Adrià sino también por la consolidación de El Celler de Can Roca como el mejor restaurante del mundo, según la revista Restaurant.
“Es cierto que la cocina actual es distinta, pero sigue necesitando mucho trabajo, mucha pasión y mucho sentimiento”, comenta Paco Roncero, al frente del Casino de Madrid, con dos estrellas Michelin. Algunos cocineros que por la mañana hacen vanguardia por la tarde vuelven al guiso. Luego, lo mezclan todo. Ejemplos: las sopas frías de Dani García o la cazuelita de huevos a la crema y champiñones al ajillo de Pepe Solla. Y hornear el propio pan entra dentro de este interés, que también pasa por los vinos. El año pasado, la revista Wine Spectator eligió un vino español como el mejor del año: el Imperial Gran Reserva 2004 de Cune (denominación de origen Rioja). Era la primera vez. Además de acompañar las comidas, algunos cocineros empiezan a plantearse ampliar el uso del vino e incorporarlo, de manera creativa, a sus recetas.
“¿Qué es la mayonesa?”, ataca de nuevo Ferran Adrià con su decálogo de cuestiones. “Una salsa”, contestaría cualquiera con celeridad. “No, una emulsión”. Igual te vale como fondo de plato que como acompañante. Su ambiciosa investigación gastronómica quiere ir al fondo de todo asunto relacionado con la comida. Fascinante. Como la gastronomía.

Vuelta a los orígenes

Alex Atala / D.O.M (SÃO PAULO)
Muchos de los ingredientes que utiliza Alex Atala en su cocina los ha descubierto él mismo. El cocinero, de 45 años, lleva 15 años al frente de D.O.M, considerado el sexto restaurante mejor del mundo según la revista Restaurant. Atala encuentra en la despensa brasileira su mejor fuente de inspiración. Desde el arroz negro del valle del río Paraíba, que le invitaron a probar hace casi una década y que puso de actualidad en el imaginario culinario de su país, hasta el tucupí. “Es un caldo que se hace a partir de la yuca que usaba una tribu indígena que habitaba en una parcela que adquirí. Ahora lo servimos en el restaurante”, cuenta.
Incorpora a su menú todo ingrediente que encuentra y que llama su atención. Esa pasión por los productos de su país le ha llevado a escribir un libro: Redescubriendo los ingredientes brasileños (editorial Phaidon). “Es el fruto de años de estudio e investigación. En la publicación incluyo recetas de un Brasil que pocos conocen y curiosidades que me han ocurrido en la cocina del restaurante”, dice. Atala utiliza técnicas como asar hierbas frescas hasta que se vuelven negras como churrascos, freír escamas de pez para hacer un plato más crujiente o machacar hormigas con algas para hacer un polvo que acompañe la comida. El año pasado, además de formar parte de la delegación brasileña invitada a Madrid Fusión, el chef afirma que consiguió dedicar más tiempo a su familia. Viajar le aporta perspectiva y fuerza para seguir peleando por los productos locales y su gastronomía. Aunque se considera uno más de toda una generación de buenos cocineros, por ahora, es el máximo exponente, y embajador, de la comida brasileña.

Aventura andina

Kamilla Seidler / GUSTU (LA PAZ)
La gastronomía actual ha encontrado en los Andes una gran fuente de inspiración. Tras el auge de la cocina peruana llega el turno de Bolivia. “El fuerte vínculo con la tierra y las tradiciones es una de las aportaciones culinarias de Bolivia al mundo”, dice Kamilla Seidler, jefa de cocina del restaurante Gustu, en La Paz. De origen danés, Seidler está —junto a Michelangelo Cestari— al frente de los fogones de este espacio gastronómico a casi 4.000 metros de altura, inaugurado hace menos de un año. El proyecto, idea de Claus Meyer, copropietario del laureado restaurante Noma de Copenhague, posee un fuerte compromiso social. Meyer buscaba un lugar pobre, con baja criminalidad, estabilidad política, diversidad biológica y una cocina ignota en el que abrir un restaurante. “La idea es aplicar técnicas antiguas a la cocina contemporánea y generar un impacto social”, dice Seidler.
Gustu es, además de restaurante, una escuela con una veintena de alumnos procedentes de barriadas de la ciudad más grande del país andino. “Ellos son los que descubrirán al mundo sabores que habían permanecido en el olvido”, comenta la cocinera, que considera la gastronomía una actividad de interés social. “La burguesía urbana, que ha encumbrado muchos restaurantes, ya no es el objetivo. Hay que adaptarse a los nuevos tiempos”, dice. Para ella, los restaurantes deben tener en mente el impacto que generan a su alrededor: deben favorecer el consumo de productos locales, establecer una relación económica justa y evitar el despilfarro de alimentos. “Es el momento de dejar de hablar de ello y hacerlo realidad”. En algunos foros ya se habla de que el nuevo mejor restaurante del mundo ha abierto en un barrio de La Paz.

El huerto manda

Gert de Mangeleer / HERTOG JAN (BRUSELAS)
Algunos consideran Flandes como el secreto mejor guardado de la cocina europea. Y al cocinero Gert de Mangeleer (Dendermonde, 1977), uno de sus mejores representantes. En 2005, este chef fundó, junto a su amigo y sumiller Joachim Boudens, Hertog Jan, un restaurante, fuera del casco histórico de Brujas, que en seis años se consolidó con tres estrellas Michelin. Las mantiene. El retorno a la naturaleza y a los productos de calidad son algunas de las tendencias culinarias para este año. “Mi favorita: las verduras como base de todo”, dice De Mangeleer. El flamenco practica desde sus orígenes el culto a lo verde. Como muestra, un botón: aguacates rebozados en polvo de tomate. “Son tomates de final de temporada que secamos, machacamos y luego usamos para rebozar”, explica. Otro ejemplo, una ensalada con 40 ingredientes diferentes. Su pasión por lo vegetal trasciende los fogones y llega hasta los aperos. “Hace más de tres años adquirimos una granja, originaria del siglo XVIII, alejada de la ciudad, en la zona rural de Zedelgem. Empezamos a cultivar los ingredientes que posteriormente uso en mi cocina”, cuenta De Mangeleer. Los vegetales, las flores y las hierbas que utiliza, desde el hinojo hasta el romero, provienen de su huerto. “Mis platos siempre comienzan con los vegetales como ingredientes principales”, dice. A finales de febrero inaugura, también con Boudens, Yellow, un gastrobar en Brujas con tapas y precios más económicos. Pero no se olvida de su restaurante. Ni de su visión. A mediados de 2014 trasladarán el comedor (actualmente en el barrio de Sint-Michiels) junto a la granja. “El huerto es una parte esencial de nuestro espacio culinario ya que provee directamente a la cocina de ingredientes frescos y de temporada”, explica el chef.

El alma de la calle

David Muñoz / DIVERXO Y STREETXO (MADRID)
ALFREDO ARIAS
Son las diez de la mañana de un sábado y el ritmo es frenético en la cocina de DiverXo. David Muñoz (Madrid, 1980), chef del restaurante, que consiguió la tercera estrella Michelin el año pasado, está en medio de ese ajetreo. Suena música electrónica. “Es brutal que un sitio tan personal como DiverXo, con una propuesta tan atípica, haya conseguido este galardón”, dice el cocinero, que abrió su primer restaurante en Madrid en 2007; luego se trasladó a otro local. Con un discurso muy alternativo y un servicio poco ortodoxo, el restaurante madrileño ha entrado en tiempo récord en el Olimpo culinario. “Ofrecemos lujo; lo que nosotros entendemos como lujo”, explica el chef. El placer, como ellos lo entienden, se basa en los productos, el tipo de cocina, las maneras a los fogones, una relación de cercanía con los clientes y el trabajo duro. “Reconozco que no son las típicas maneras que algunas personas esperan encontrar en un restaurante con estrella Michelin. Pero son las nuestras”.
“Nunca he querido romper las reglas por romperlas. He sido consecuente con el proyecto que tenía en mente”, contesta cuando se le tilda de provocador. “La estrella es la consecuencia de lo que hacemos, no la finalidad de nuestro trabajo”. A Muñoz le gustan los laureles. Y considera las condecoraciones como una reafirmación de los valores que le llevaron a fundar su local: juventud, esfuerzo, éxito y la consecución de un sueño. “Percibir que eso ha calado en la gente, que lo reconocen, es maravilloso”. Sabe que algunas personas no comparten su visión. “Me parece bien. No aspiro a gustar a todo el mundo. Pero me encanta que se valore el trabajo que hacemos en el restaurante”, dice. Un equipo de más de 20 personas sirve 60 cubiertos al día en dos servicios. “No podemos servir más si pretendemos mantener el nivel que nos gusta dar”.
David Muñox en la cocina de DiverXo, en Madrid.
Hace un año, su trabajo se duplicó. Inauguró la barra StreetXo, en la terraza gourmet de El Corte Inglés de Callao, junto a la Gran Vía. Los domingos cocina allí. “Lo que hicimos fue coger el concepto de la comida callejera de China y el sureste asiático, el alma de la calle, y aplicarle técnicas de alta cocina para ofrecer gastronomía a precio de derribo”. Esa barra, roja, sin camareros y donde también se cuece a ritmo electrónico, le ha acercado más al público, que desde que recibió el galardón culinario no duda en acercarse a saludarle. Algunas señoras le dan dos besos, otros le estrechan la mano y le felicitan. “¿Qué tipo de comida hacéis?”, le pregunta una joven en el ascensor que lleva a la azotea. “Comida callejera, acércate cuando quieras a probarla”, contesta con una sonrisa Muñoz.
Esa pasión por la calle no es nueva. “Soy un chico de barrio”, dice orgulloso, “y un poco punki”, bromea sobre su marcada cresta. Está encantado con esa barra. Sobre todo porque ha tenido repercusión. “Es increíble que en tan poco tiempo haya calado”, afirma. Sin saberlo, Muñoz estaba adelantándose a una tendencia clara este año: formatos de negocio prácticos, más asequibles y adaptados al público contemporáneo. “Un mensaje más directo, menos etéreo y elitista que el que estábamos acostumbrados en la alta cocina”, apunta. Un código por el que más gente ha mostrado interés: en mayo abre sucursal en Londres. En la capital británica ya hay expectación. “Siempre he soñado con grandes cosas”, dice cuando habla de su nuevo proyecto. Ambicioso. “Si sueñas a lo grande y trabajas duro, puedes acabar cumpliéndolo”. Se enfrenta a 2014 con muchas ganas: “Sigo soñando con tener cuatro restaurantes en el mundo: Madrid, Londres, Nueva York y Singapur”.

Emoción en la mesa

Elena Arzak / ARZAK (SAN SEBASTIÁN)
La organización Diners Club World’s 50 Best Restaurants Academy posee una categoría dedicada a la mejor chef femenina del mundo. Elena Arzak obtuvo el galardón hace dos años. Una mención que, al estar dedicada exclusivamente a la mujer, evidencia el dominio masculino en la alta cocina. “Yo no lo he vivido así. Nunca he sentido que haya tenido que luchar más para cumplir mi sueño”, dice la cocinera. Quizá tenga algo que ver que su padre, Juan Mari Arzak, aprendiera los trucos de su abuela y de su madre. “Mi casa siempre ha sido un matriarcado y las mujeres hemos tenido las mismas oportunidades que los hombres”, añade Elena Arzak. Padre e hija comparten cocina al frente de uno de los mejores restaurantes del mundo. “Nuestros platos son indisolubles, vamos de la mano”, dice. Y añade: “Es cierto que tradicionalmente ha habido menos mujeres que hayan despuntado en el mundo gastronómico, pero no creo que sea por una cuestión de machismo de la disciplina. Es algo que ha ocurrido en muchas áreas y, poco a poco, la mujer va ganando posiciones. Sí que me gustaría que las mujeres pudiesen disfrutar de la situación que he vivido yo”. Ella es, sin duda, una de las máximas representantes del cada vez más afinado músculo femenino de la gastronomía. “Ser buen cocinero no es una cuestión de género”, dice. Para Elena Arzak, la calidad de los productos y el oficio son la clave. “La técnica te permite profundizar y ampliar horizontes, pero nunca hay que olvidar la base: producto, producto y producto”. Define su cocina como “de autor, vasca, de investigación y vanguardia”, y reivindica ingredientes y maneras de toda la vida aderezados con una pátina de ciencia y contemporaneidad. Su objetivo: emocionar en la mesa.

Clasificación de jamones

FOODIES

El jamón renueva colores

El Gobierno marcará con un tono distinto las cuatro categorías de ibéricos

Desaparece la clasificación de recebo


A la hora de comprar jamón ibérico, el consumidor podrá distinguir su categoría mediante un código de colores. El Consejo de Ministros ha aprobado este viernes por decreto una nueva norma de calidad para la carne, el jamón, la paleta y la caña de lomos ibéricos.
El Ejecutivo ha introducido las tonalidades para la clasificación de los productos, que incluirá la denominación de venta y la indicación del tanto por ciento racial del animal. Los productos bellota estarán etiquetados de negro, en el caso de que el jamón sea de raza 100% ibérica, y de rojo, cuando la carne sea de raza parcialmente ibérica. Para los jamones de cebo de campo ibéricos, la etiqueta será verde; y para los de cebo, blanco.
Además, de las cuatro categorías por alimentación que existían hasta ahora –de bellota o montanera, de recebo, de cebo de campo y de cebo– quedarán tres: de bellota, de cebo de campo y de cebo. Desaparece la categoría de recebo. Y será obligatorio para el productor indicar en la etiqueta el porcentaje de pureza cuando no se trate de cerdos 100% ibéricos.
La idea es limitar la utilización de términos que puedan inducir al error a la hora de comprar. De este modo, los nombres, logotipos y símbolos que aludan a aspectos relacionados con la bellota o la dehesa se reservarán exclusivamente para la designación "de bellota". Así, la expresión "pata negra" solo se podrá utilizar en productos de bellota 100% ibéricos.
Según el Gobierno, la norma pretende contribuir al mantenimiento de la cabaña ibérica y mantener la raza del animal y la dehesa. El sector está sufriendo una grave crisis, con importantes caídas de ventas y de los precios, que algunos expertos achacan a la confusión generada por la gran cantidad de denominaciones de los productos y a la falta de controles en el proceso de producción.